La famosa caja sigue penando en las conversaciones públicas. Ministros, exministros, subsecretarios y periodistas hablan de la famosa caja. Si la miramos desde tres frentes —un negocio, una repartición pública y un país— podemos inferir algunas cosas.
Creo que todo el mundo entiende
(o casi todos) que la caja es la base de la liquidez; nos muestra la capacidad
real de pagar compromisos a tiempo y soportar las operaciones diarias de
cualquier entidad.
En un negocio la famosa caja es
crítica porque permite pagar las remuneraciones, a los proveedores (que siempre
son muchos), arriendo e impuestos sin interrupciones. Inclusive un negocio
rentable puede tener graves problemas si no tiene efectivo disponible en el
momento que lo necesita.
Doy como ejemplo (de la vida
real) una universidad que no había pagado la luz y tuvo que conseguir que le
depositaran al instante para cancelar la deuda pendiente y evitar que le “bajaran
el automático”. (No me imagino tener que avisar a los estudiantes que deben
abandonar las dependencias por ese motivo). Por eso, su importancia es mucha:
sin caja, no hay continuidad operativa y aumentan el riesgo de deuda cara,
atrasos y quiebra. Hay que recordar que “las pymes quiebran por caja” (J.P. Swett, entrevista en CNN. 17 de abril de 2026).
En una repartición pública, la
importancia de la caja también es mucha porque asegura que el servicio pueda
ejecutar pagos, compras, cumplir con programas y compromisos dentro de los
plazos presupuestarios. La gestión de caja en el sector público se relaciona
con la tesorería y con la capacidad de coordinar ingresos y desembolsos del
Estado. Si la caja es exigua, la institución afronta atrasos operativos, menor
capacidad de respuesta y tensiones permanentes en la gestión del gasto público.
A nivel país, la caja o caja
fiscal es mucha porque afecta la capacidad del Estado para responder a shocks,
financiar gasto corriente y mantener estabilidad financiera. Cuando la liquidez
fiscal es baja, el gobierno queda más expuesto a deuda, recortes o problemas de
ejecución presupuestaria. En simples términos, la caja del país no solo importa
para “tener dinero en el banco”, sino para sostener confianza, flexibilidad y,
por, sobre todo, gobernabilidad fiscal. También se ha escuchado que, si no le
pagamos a los proveedores, siempre podemos pedirles que facturen el próximo mes
o año (cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia).
Los ejemplos sobran: Argentina en
2001, Grecia entre 2010 y 2015, Líbano en 2020, Zambia y Sri Lanka en 2022
muestran qué pasa cuando un país se queda sin caja.
Quiero consignar que he vivido la
experiencia como emprendedor: cuando uno tiene un negocio, debe buscar ingresos
periódicos y entender que el flujo de caja es lo más trascendental en una
empresa. El flujo de caja es vital, así de decidor, y entender que no porque
tengas tiempos buenos, estos son perpetuos; también se van a tener tiempos
malos. Grandes negocios han quebrado por no tener caja para responder a sus
obligaciones financieras; ejemplos hay por doquier.”
Seguramente los que dicen que la
caja no importa hablan desde el cómodo y agradable estado de recibir millones
por una reunión mensual y/o trabajo sin sobresaltos. Quizás nunca han tenido
que ‘correr’ para pagar obligaciones urgentes, cubrir cheques protestados y
enfrentar tantas otras situaciones que sí vivimos en el mundo real de los
negocios. La invitación es simple: que no les nuble el partidismo político y
que no le mientan al país.
Ahora los dejo porque debo sacar
plata de mi caja para pagar urgente el agua, antes que me la corten.
Dr. Ulises Alarcón G.
Académico y consultor empresarial





