domingo, 17 de mayo de 2026

José, Manuel, Mario en qué quedamos con la bendita caja, ¿importa o no?

 

Foto I.A.
La famosa caja sigue penando en las conversaciones públicas. Ministros, exministros, subsecretarios y periodistas hablan de la famosa caja. Si la miramos desde tres frentes —un negocio, una repartición pública y un país— podemos inferir algunas cosas.

Creo que todo el mundo entiende (o casi todos) que la caja es la base de la liquidez; nos muestra la capacidad real de pagar compromisos a tiempo y soportar las operaciones diarias de cualquier entidad.

En un negocio la famosa caja es crítica porque permite pagar las remuneraciones, a los proveedores (que siempre son muchos), arriendo e impuestos sin interrupciones. Inclusive un negocio rentable puede tener graves problemas si no tiene efectivo disponible en el momento que lo necesita.

Doy como ejemplo (de la vida real) una universidad que no había pagado la luz y tuvo que conseguir que le depositaran al instante para cancelar la deuda pendiente y evitar que le “bajaran el automático”. (No me imagino tener que avisar a los estudiantes que deben abandonar las dependencias por ese motivo). Por eso, su importancia es mucha: sin caja, no hay continuidad operativa y aumentan el riesgo de deuda cara, atrasos y quiebra. Hay que recordar que “las pymes quiebran por caja” (J.P. Swett, entrevista en CNN. 17 de abril de 2026).

En una repartición pública, la importancia de la caja también es mucha porque asegura que el servicio pueda ejecutar pagos, compras, cumplir con programas y compromisos dentro de los plazos presupuestarios. La gestión de caja en el sector público se relaciona con la tesorería y con la capacidad de coordinar ingresos y desembolsos del Estado. Si la caja es exigua, la institución afronta atrasos operativos, menor capacidad de respuesta y tensiones permanentes en la gestión del gasto público.

A nivel país, la caja o caja fiscal es mucha porque afecta la capacidad del Estado para responder a shocks, financiar gasto corriente y mantener estabilidad financiera. Cuando la liquidez fiscal es baja, el gobierno queda más expuesto a deuda, recortes o problemas de ejecución presupuestaria. En simples términos, la caja del país no solo importa para “tener dinero en el banco”, sino para sostener confianza, flexibilidad y, por, sobre todo, gobernabilidad fiscal. También se ha escuchado que, si no le pagamos a los proveedores, siempre podemos pedirles que facturen el próximo mes o año (cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia).

Los ejemplos sobran: Argentina en 2001, Grecia entre 2010 y 2015, Líbano en 2020, Zambia y Sri Lanka en 2022 muestran qué pasa cuando un país se queda sin caja.

Quiero consignar que he vivido la experiencia como emprendedor: cuando uno tiene un negocio, debe buscar ingresos periódicos y entender que el flujo de caja es lo más trascendental en una empresa. El flujo de caja es vital, así de decidor, y entender que no porque tengas tiempos buenos, estos son perpetuos; también se van a tener tiempos malos. Grandes negocios han quebrado por no tener caja para responder a sus obligaciones financieras; ejemplos hay por doquier.”

Seguramente los que dicen que la caja no importa hablan desde el cómodo y agradable estado de recibir millones por una reunión mensual y/o trabajo sin sobresaltos. Quizás nunca han tenido que ‘correr’ para pagar obligaciones urgentes, cubrir cheques protestados y enfrentar tantas otras situaciones que sí vivimos en el mundo real de los negocios. La invitación es simple: que no les nuble el partidismo político y que no le mientan al país.

Ahora los dejo porque debo sacar plata de mi caja para pagar urgente el agua, antes que me la corten.

Dr. Ulises Alarcón G.

Académico y consultor empresarial